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Lo que las parejas que se aman hacen después del sexo

Para muchos, el acto sexual es la cumbre indiscutible de una serie de preliminares cuidadosamente ejecutados, pero lo cierto es que para otros, aquellos que inventan y reinventan el mismo placer dentro y fuera de la cama, lo que tiene lugar después del ENCUENTRO INTIMO es mucho más importante. Es la auténtica consumación de los sentidos, la verdadera esencia de la desnudez.

La importancia del placer físico en una relación de pareja es incuestionable, sin embargo, la cúspide de la intimidad no consiste en un breve intercambio de pasión entre cuerpos que se desean por el mero goce de la piel, sino en la creación y fortalecimiento de puentes, de conexiones que permiten experimentar un estado de satisfacción permanente donde lo que se desea, más que entrelazar los cuerpos, es entrelazar las mentes.

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La psicología ha estudiado desde hace mucho la trascendencia en el plano amoroso de tres aspectos: el tacto fuera de la práctica sexual, el intercambio visual prolongado y la conversación. Curiosamente, esto es lo que muchas parejas, de modo instintivo, hacen justo después de tener sexo: compartir caricias, mirarse a los ojos y hablar, a veces, de lo que nunca pensaron tener el valor para hablar. Son estas señales en forma de hábitos silenciosamente adoptados lo que distingue los encuentros casuales de los vínculos con raíces profundas, cuya tierra fértil es el amor.

El lenguaje de la piel

“Anoche sentía como si muchas alas me acariciaran toda, como si en la yema de tus dedos hubiera bocas que me besaran la piel. Los átomos de mi cuerpo son los tuyos y vibran juntos para querernos”.

Tomado de una Carta de Frida Kahlo a José Bartolí (1946).

En 2009, el psicólogo de la Universidad DePauw, Matthew Hertenstein, llevó a cabo un estudio para determinar qué tanto era posible comunicar emociones únicamente a través del tacto. Para ello, se pidió a un grupo de voluntarios expresar e identificar un rango de ocho emociones distintas: ira, miedo, enojo, amor, gratitud, simpatía, felicidad y tristeza. Al finalizar el experimento, Herrnstein quedó impresionado por el grado de precisión con que los participantes habían sido capaces de comunicarse empleando tan solo el contacto físico: un 78% de acierto.

Al igual que el resto de experiencias sensoriales, en el tacto no influye solo la noción objetiva de lo que sucede sino también la valoración subjetiva. En un ambiente donde predomina el amor y la confianza, el cómo somos tocados intensifica su cualidad positiva a partir del quién nos toca. Las parejas que se aman lo saben, y por eso intercambian caricias y roces después del sexo, ya no con el objetivo de un nuevo encuentro sexual sino con el fin de hacer que el otro sienta, piel con piel, la propia felicidad, gratitud y alegría.

El secreto de la mirada

 

El poder del intercambio visual ha sido estudiado en más de una ocasión. En 1989, investigadores de la Universidad de Clark hallaron que inducir a un par de extraños a un intercambio mutuo de miradas durante dos minutos tenía el efecto de acrecentar sentimientos de amor apasionado, disposición al amor o atracción. Desde entonces, nuevos estudios han revelado la increíble influencia de la conexión visual y cómo se relaciona no solo con la sincronía emocional (ser capaz de sentir lo que el otro siente) sino también la sincronía fisiológica: la posibilidad de adoptar, con solo una mirada, el ritmo cardíaco del ser amado.

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Mirar directo a los ojos a quien amamos en una actitud franca y serena es, en cualquier contexto, una forma de navegar en sus sentimientos y manifestar los propios, a veces de manera tan inexplicablemente perfecta que no hace falta pronunciar palabra alguna. Pero hacerlo justo después de haber compartido el placer del cuerpo encierra cierta magia, pues la noción de desnudez parece trasladarse de la piel a la mirada y aquello resulta en un desnudo distinto, un desabrigo mental que no da frío.

El idioma del amor

“Pero tú me haces hablar y yo descubro las cosas polvorientas que se escondían en mi alma”.

Carta de Khalil Gibran a Mary Haskell (1915).

Para dos personas que se aman, las sábanas, lejos de perder importancia después del sexo, se convierten en el refugio perfecto para la confesión de secretos y emociones intensas que, a menudo, desbordan la capacidad de las palabras.

Más allá de los Te amo que suelen deslizarse por los bordes de la cama, el intercambio de ideas y pensamientos que se da justo después del encuentro sexual se desenvuelve sobre un hilo de emociones de tal magnitud que la pareja comúnmente se descubre develando sueños, miedos, angustias y esperanzas con una libertad absoluta. La plenitud que el sexo en soledad no alcanza, y que el amor conquista.

FUENTE:http://elartedesabervivir.com

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